Confirmación

La confirmación nos unge con la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos de Dios en medio de nuestro mundo

La confirmación es el sacramento mediante el cual somos ungidos por la fuerza del Espíritu Santo y llamados por la fuerza de Dios a ser sus testigos en medio del mundo.

La confirmación es uno de los sacramentos de la Iglesia. Junto con el Bautismo y la Eucaristía constituye el conjunto de “los sacramentos de la iniciación cristiana”, es decir, sacramentos cuya recepción es necesaria para la plenitud de la gracia que recibimos en el Bautismo.

 

La confirmación une más íntimamente a la Iglesia y enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo, y con ello quienes la reciben quedan obligados a difundir y defender la fe a través de la palabra y las obras, como verdaderos testigos de Cristo.

 

 

 

SOmos testimonio de amor

En nuestra parroquia

Tras terminar la catequesis apropiada a su edad, los adolescentes se confirman en el curso de 2º Eso

También es posible confirmarse de adultos

 

La liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo.

En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu.

Sigue el rito esencial del sacramento. En el rito latino, «el sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo» (Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae).

El beso de paz con el que concluye el rito del sacramento significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles.

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